Salirse de la fila

…y no meterse en otra

La falacia de la diversidad agosto 25, 2009

Filed under: diversidad,Educación,Rompan filas — Salirse de la fila @ 10:01 pm
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Fragmento del artículo de Carlos González Cómo ‘no’ vencer la timidez publicado en la revista Mente Sana, nº 35

John Stuart Mill, filósofo y economista británico, publicó en 1859, un ensayo apasionado y apasionante titulado Sobre la libertad (es posible leer el texto completo en inglés, en la dirección electrónica siguiente http://etext.library.adelaide.edu.au/m/mill/john_stuart/m645o/). En él advierte que la presión de la sociedad sobre los individuos -continua, inmisericorde, dirigida hacia las más mínimas desviaciones de la norma- a menudo se hace más intolerable que el despotismo de un gobierno tiránico.

LA PRESIÓN SOCIAL

Pero más vale que transcriba las palabras de Mill, pues él lo dice mejor que yo:

Hay una característica de la orientación actual de la opinión pública, especialmente calculada para hacerla intolerante con cualquier demostración marcada de individualidad. Los seres humanos medios no solo son moderados en intelecto sino también en inclinaciones: no tienen aficiones o deseos lo bastante fuertes para inclinarles a hacer nada fuera de lo común y, por tanto, no comprenden a quienes sí los tienen, y los clasifican junto a los salvajes e intemperantes, a los que están acostumbrados a mirar con desprecio.

Pues bien, además de este hecho general, solo tenemos que suponer que se pone en marcha un fuerte movimiento hacia la mejora moral, y las consecuencias son previsibles. En estos días se ha producido ese movimiento; mucho se ha hecho en el sentido de aumentar la regularidad de la conducta y disuadir de los excesos, y se extiende un sentido filantrópico para cuyo ejercicio no hay campo mejor abonado que la mejora moral y prudente del prójimo.

Estas tendencias de los tiempos hacen que el público esté mejor dispuesto que en épocas pasadas a prescribir reglas generales de conducta y se aplique a conseguir que todo el mundo se ajuste a la norma aprobada. Y esta norma, expresa o tácita, es no desear nada interesante. Su ideal de carácter es la ausencia de cualquier carácter marcado, atrofiado por comprensión, como los pies de las mujeres chinas, cada parte de la naturaleza humana que destaque de forma prominente y tienda a hacer a la persona marcadamente distinta del común de las gentes.

LA “NORMALIDAD” MÉDICA

Siglo y medio después, ha aumentado la tendencia a controlar a los diferentes. La timidez no es sino la punta de lanza, uno de los primeros rasgos de carácter que la sociedad se propuso eliminar. Existen muchos otros, cada vez más. El Estado solo espera que obedezcamos las leyes y paguemos nuestros impuestos, pero la sociedad (respaldada la mayoría de las veces por educadores, psicólogos y médicos) exige mucho más, especialmente a nuestros niños.

Nuestros pequeños no deben llorar, ni ser malcriados, ni agresivos, ni retraídos, ni movidos, ni demasiado quietos, ni respondones, ni apocados, ni exigentes. No deben dedicar demasiado tiempo a una actividad, no deben rechazar el deporte, ni la piscina, ni la lectura, ni ningún alimento. Deben tener hábitos y rutinas (pero hay de aquel que se habitúe a una cosa “distinta”, del que se despierte habitualmente por la noche o se duerma en brazos). Deben llevarse bien con todos y no formar grupitos de pocos amigos íntimos. Deben hacer los deberes con diligencia, pero tampoco ser “empollones”.

La justificación ya no es, como en tiempos de Mill, “moral” sino “médica”; los que tienen un rasgo de carácter distinto de la media tienen ahora un problema psicológico o de conducta. Las madres, preocupadas quieren saber si sus hijos son normales: “¿Es normal que se chupe los puñitos?”, “¿Es normal que tenga miedo?”, “¿Es normal que se despierte?”. Pero que nadie piense que siendo absolutamente normal, escapará a las críticas. Entonces, le echarán en cara que “no tiene personalidad”.

Vía: fotolog de garcomina

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LA PEGATINA abril 1, 2009

Filed under: Educación — Salirse de la fila @ 10:20 pm
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El lunes de esta semana una alumna de 1º. de E.S.O. le pegó a una profesora una pegatina en la espalda. Indignación, ofensa o injuria muy grave, parte de incidencias, entrevista con la alumna, actuación de la Comisión de Convivencia, propuesta de medida educativa, apoyo moral a nuestra compañera y algunas reflexiones de cómo se podía haber evitado tanta algarabía. Me acordé de lo que sigue y pensé: ¡Qué inteligente era Cantinflas!

 

El Caramelo Instructivo de Gianni Rodari (a Mary Poppins) febrero 24, 2009

En el planeta Bih no hay libros. La ciencia se vende y se consume en botellas.

La historia es un líquido colorado como una granada; la geografía, un líquido color verde menta; la gramática es incolora y sabe a agua mineral. No hay escuelas; se estudia en casa. Los niños, según la edad, han de tomarse cada mañana un vaso de historia, algunas cucharadas de aritmética, etcétera.

¿Vais a creerlo? Son caprichosos igualmente.

-Vamos, sé bueno -dice mamá-; no sabes lo rica que está la zoología. Es dulce, dulcísima. Pregúntaselo a Carolina -que es el robot electrónico de servicio.

Carolina se ofrece generosamente para probar antes el contenido de la botella. Se echa un poquitín en el vaso, se lo toma y lo paladea:

-¡Huy!, ya lo creo que está rica- Exclama.

E inmediatamente comienza a recitar la lección de zoología:

-“La vaca es un cuadrúpedo rumiante que se alimenta de hierba y nos proporciona el chocolate con leche”.

-¿Has visto? – pregunta mamá, triunfante.

El pequeño colegial se queja. Todavía sospecha que no se trate de zoología, sino de aceite de hígado de bacalao. Luego se resigna, cierra los ojos y engulle su lección de un solo trago. Aplausos.

Naturalmente también hay, como es lógico, algunos colegiales diligentes y estudiosos: es más, golosos. Se levantan por la noche para tomarse a escondidas la historia-granada y se beben hasta la última gota del vaso. Se vuelven muy sabios.

Para los niños de los parvularios hay caramelos instructivos: tienen sabor de fresa, de piña, de cereza, y contienen algunas poesías fáciles de recordar, los nombres de los días de la semana y la numeración hasta diez.

Un amigo mío cosmonauta me ha traído uno de estos caramelos como recuerdo. Se lo he dado a mi pequeña e inmediatamente ha empezado a recitar una poesía cómica en el idioma del planeta Bih, que decía más o menos:

anta anta pero pero
penta pinta pim peró,

y yo no me he enterado de nada.

El caramelo instructivo en Cuentos por teléfono de Gianni Rodari

 

A Mr. Fajardo octubre 20, 2008

Filed under: Educación — Salirse de la fila @ 12:34 pm
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Que se sale de la fila lo que quiere, lo que puede y lo que le dejan

Visto en el blog de Luis M. Pescetti

Canción Gracias de Luis M. Pescetti

 

La Mejor Escuela agosto 26, 2008

Filed under: Educación,Rompan filas — Salirse de la fila @ 5:48 pm
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Desconfía de aquellos que te enseñan
listas de nombres, números y fechas
y que siempre repiten modelos de cultura
que son la triste herencia que aborreces.

No aprendas sólo cosas, piensa en ellas,
y construye a tu antojo situaciones e imágenes
que rompan la barrera que aseguran existe
entre la realidad y la utopía:
vive en un mundo cóncavo y vacío,
juzga cómo sería una selva quemada,
detén el oleaje de las rompientes,
tiñe de rojo el mar,
sigue unas paralelas hasta que te devuelvan
el punto de partida,
haz aullar a un desierto,
familiarízate con la locura.

Después sal a la calle y observa,
es la mejor escuela de tu vida.

José Agustín Goytisolo

Vía: Palabra Virtual

 

Agáchese, que molesta julio 17, 2008

Filed under: Educación,Enfilados,Rompan filas — Salirse de la fila @ 1:49 pm
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Estimulante, lúcida y clara a más no poder es la traducción de un post de Injenuity titulado Down in Front que ha hecho Esperanza Román en Corto y Cambio. Aquí debajo la copiamos:

Agáchese, que molesta

Si usted no mantiene abierta su mente a nuevas experiencias, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si usted toma más de lo que da, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si usted utiliza su voz para desmontar metáforas de aprendizaje, destruir las ideas de los demás o hacer ataques personales, cualquiera que sea su grado de pasividad-agresividad, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si pasa mucho tiempo discutiendo los significados, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si sus alumnos no son dueños de sus creaciones, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si promueve conferencias y exige a los conferenciantes que tengan listos sus temas de presentación con más de tres meses de antelación, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si odia su trabajo, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si usted está acumulando conocimientos valiosos a la espera de la perfecta oportunidad para publicarlos, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si sólo consume y no produce, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si pone trabas al aprendizaje de los estudiantes al negarse a utilizar las herramientas proporcionadas por su institución, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si obedece la letra de la ley, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si no sabe reconocer que se equivoca, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si no puede empezar de cero, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si sus estudiantes no pueden decirle lo que han aprendido (utilizando para ellos sus medios de comunicación favoritos), usted es un estorbo para el aprendizaje. Si usted nunca pregunta a los estudiantes cómo quieren aprender, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si usted piensa que enseñar consiste en controlar, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si obtiene más placer al probar una nueva herramienta que al ver la chispa en la mirada de sus estudiantes, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si el número de lectores de su blog, seguidores de Twitter y amigos en Facebook tiene más significado para usted que el cuidado de las relaciones individuales, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si se dedica a despotricar y a desahogarse más que a animar y a inspirar, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si no sabe reírse de sí mismo, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si rellenar su currículum tiene prioridad sobre la búsqueda de un puesto en el que pueda brillar más, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si está en ello por el dinero o la fama, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si usted no puede dedicar cinco minutos al día para ayudar a alguien fuera de su institución, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si usted piensa que no es necesario conectar con otras personas, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si usted piensa que sólo hay una mejor manera de aprender, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si usted cree a alguien sólo por su reputación y no prueba las cosas usted mismo, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si se queja sin ofrecer soluciones o sin buscar consejo, usted es un estorbo para el aprendizaje. Si usted es un estorbo para el aprendizaje, por favor, apártese, algunos de nosotros queremos volver a nuestro trabajo.

 

Cualquier día… junio 12, 2008

Filed under: Educación,Enfilados,Fobófilas — Salirse de la fila @ 10:18 am
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Cualquier día responderé, sólo con una sonrisa amable, a quien me advierta que mis hijas se enfriarán si juegan descalzas en el arenero, las dejo mojarse bajo la lluvia, saltar sobre los charcos hasta vaciarlos o construir castillos en la arena mojada.

bajo+la+lluvia

Cualquier día jugaremos a crispar los nervios, aún más, de los estirados comensales de un restaurante elegante que rebullen incómodos ante la presencia de unas niñas. Ese día sorberemos la sopa ruidosamente, comeremos pollo a dos manos y lameremos la copa de la mousse de chocolate.

Cualquier día pondremos a prueba los límites de los/las vigilantes de la Pinacoteca Nacional acercándonos veloz y peligrosamente a las valiosas obras de arte. Sólo para comprobar a partir de qué distancia empiezan a gritar “¡Ssshhhhh! ¡Niñaaas! ¡Cuidado! ¡No se toca!” Ese día mediremos la calidad de la obra, y la tolerancia del vigilante, con flexómetro, mientras reímos por lo bajini. Porque apreciamos demasiado el arte.

Cualquier día, cuando reciba en mis brazos a mi pequeña, dejaré de explicarle al oído, “No debes tocarme los pechos en público. A las personas mayores eso no les parece bien. Para ellas significa otra cosa…” , mientras ella me mira atónita. Porque ni yo misma lo entiendo.

Cualquier día, al regresar a casa con ellas, me morderé la lengua, para no espetar “¡Colgad los abrigos, lavaos las manos y venid a merendaaaar!”.

Cualquier día iré a buscarlas al colegio dos horas antes de la salida, alegando que deben recuperar el tiempo de juego que ayer dedicaron a hacer “deberes”.

Cualquier día regalaré mi reloj, y mi sonrisa nuevamente, a quien me diga que mis hijas desayunan, comen, meriendan o cenan muy pronto, o muy tarde; se acuestan o se levantan muy pronto, o muy tarde; o rien, lloran y juegan a deshora.

Cualquier día nos dejaremos caer por una ladera de cesped cuesta abajo, oleremos a hierba fresca, nos mancharemos de verdín, adivinaremos animales en las nubes y reiremos a carcajadas…

Inspirado en el post visto en el blog de Juanjo.