A Manuel y Juanjo,
que cualquier día…
andan del derecho y del revés…
O se salen de la fila…
Imagen de Patricia Metola en su blog …tipika
A Manuel y Juanjo,
que cualquier día…
andan del derecho y del revés…
O se salen de la fila…
Imagen de Patricia Metola en su blog …tipika
Cualquier día responderé, sólo con una sonrisa amable, a quien me advierta que mis hijas se enfriarán si juegan descalzas en el arenero, las dejo mojarse bajo la lluvia, saltar sobre los charcos hasta vaciarlos o construir castillos en la arena mojada.

Cualquier día jugaremos a crispar los nervios, aún más, de los estirados comensales de un restaurante elegante que rebullen incómodos ante la presencia de unas niñas. Ese día sorberemos la sopa ruidosamente, comeremos pollo a dos manos y lameremos la copa de la mousse de chocolate.
Cualquier día pondremos a prueba los límites de los/las vigilantes de la Pinacoteca Nacional acercándonos veloz y peligrosamente a las valiosas obras de arte. Sólo para comprobar a partir de qué distancia empiezan a gritar “¡Ssshhhhh! ¡Niñaaas! ¡Cuidado! ¡No se toca!” Ese día mediremos la calidad de la obra, y la tolerancia del vigilante, con flexómetro, mientras reímos por lo bajini. Porque apreciamos demasiado el arte.
Cualquier día, cuando reciba en mis brazos a mi pequeña, dejaré de explicarle al oído, “No debes tocarme los pechos en público. A las personas mayores eso no les parece bien. Para ellas significa otra cosa…” , mientras ella me mira atónita. Porque ni yo misma lo entiendo.
Cualquier día, al regresar a casa con ellas, me morderé la lengua, para no espetar “¡Colgad los abrigos, lavaos las manos y venid a merendaaaar!”.
Cualquier día iré a buscarlas al colegio dos horas antes de la salida, alegando que deben recuperar el tiempo de juego que ayer dedicaron a hacer “deberes”.
Cualquier día regalaré mi reloj, y mi sonrisa nuevamente, a quien me diga que mis hijas desayunan, comen, meriendan o cenan muy pronto, o muy tarde; se acuestan o se levantan muy pronto, o muy tarde; o rien, lloran y juegan a deshora.
Cualquier día nos dejaremos caer por una ladera de cesped cuesta abajo, oleremos a hierba fresca, nos mancharemos de verdín, adivinaremos animales en las nubes y reiremos a carcajadas…
Inspirado en el post visto en el blog de Juanjo.

No estaría nada mal tener un solar en esta calle
para poder construir en él un colegio.
En esta calle o en alguna parecida:
la Avenida de la Tolerancia,
la Glorieta de la Curiosidad,
la Plaza del Conocimiento,
el Bulevar de las Preguntas…
Mucho mejor todavía:
cómo me gustaría que los colegios fueran verdaderos
paseos por el saber,
avenidas para la tolerancia,
glorietas en las que se sentaran los curiosos,
plazas para conocerlo todo
y bulevares donde cuestionar lo incuestionable.
Un joven cangrejo pensó: “¿Por qué todos los miembros de mi familia camina hacia atrás? Quiero aprender a caminar hacia delante, como las ranas, y que se me caiga la cola si no lo consigo”.
Empezó a entrenarse a escondidas, entre las piedras de su arroyo nativo, y los primeros días le costaba muchísimo trabajo lograrlo. Chocaba contra todo, se magullaba la coraza y una pata se le enredaba con la otra. Pero las cosas fueron mejorando lentamente, porque todo puede aprenderse cuando se desea de veras.

Cuando estuvo bien seguro de sí mismo, se presentó ante su familia y les dijo:
- Fijaos.
Y dio una magnífica carrerilla hacia delante.
- Hijo mío – dijo llorando la madre -, ¿has perdido el juicio? Vuelve en tí y camina como te han enseñado tu padre y tu madre; camina como tus hermanos, que tanto te quieren. (más…)
Chacón… ese apellido… muy cuartelero:
¡Sargento Chacón… a ver esas filas!
Filas y filas firmes ante Chacón. Desfilando, saludando, quietas, firme el ademán…
Cuando vi la portada de Milo Manara en El Periódico, pensé para mí:
“¡Que gran gamberrada, un dibujante erótico dibujando a la ministra!:
Berlusconi, una mujer embarazada, uniformada, y un fusil en un mismo dibujo, ¡qué poco sutil!”
Y me equivocaba.
Porque el tema en sí es ya muy poco sutil (ejército, parto, mujer, niños, crianza…), así que el tratamiento grueso de Manara cada vez me parece más genial.
Y es que se lo han tragado casi todos, hasta la propia ministra:

Hoy todos esos ejércitos y empresas de filas muy rectas esperan su cuota de madres embarazadas.
Esas que parirán programadas en esas máquinas de partos que alguien llama hospitales.
Que, siguiendo el ejemplo, a las seis semanas dejarán sus hijos en manos de otras personas.
Para seguir engrosando la economía nacional, los márgenes de las hipotecas, el beneficio industrial y bancario, las emisiones a la atmósfera, “es la economía, estúpido”
La misma economía que pondrá a esas niñas y niños en otras filas, en guarderías, colegios o al cuidado de otros, o quizás simplemente sólos o en la calle mientras sus madres trabajan.
La economía sí, la que nos hace cada día más estúpidos.
Y yo, mientras tanto, me salgo de esta fila.